Comunidades Educativas y Pandemia

Por Álvaro Carrasco, fundador y director ejecutivo BRAVE UP!

Llevamos varios meses descubriendo esta nueva forma de educación, en BRAVE UP! hemos acompañado y apoyado a más de 9.000 familias y docentes en lo que significa el aprendizaje a distancia y el impacto que ha traído este momento en su bienestar emocional. Durante este año, nos hemos encontrado con diferentes situaciones que las escuelas han tenido que enfrentar, desde qué plataforma escoger como aula virtual, qué canal de comunicación utilizar entre docentes y cómo aumentar la participación de los estudiantes en esta nueva sala de clases.

Muchas comunidades educativas tienen hoy como meta el sacar todo el provecho posible a la herramienta que han escogido, apoyarse en la tecnología, y no morir en el intento, entendiendo que no han sido los únicos desafíos a los que se enfrentan. Nuestros diagnósticos nos muestran que en general los estudiantes están extrañando profundamente a su colegio, las interacciones que se viven ahí, desde estar con los compañeros y compañeras de curso, saludar a la tía o tío del quiosco o simplemente estar en la sala de clases con sus profesores o profesoras, ha sido algo que resienten. 

No podemos negar que hemos conocido a una gran cantidad de comunidades educativas que se han ajustado de manera muy rápida al aprendizaje a distancia, conocemos docentes que trabajan en conjunto, colaboran y generan material para compartir con la comunidad y eso ha permitido que se avance de manera efectiva, ordenada y que inclusive haya fortalecido las relaciones de algunos miembros del colegio, pero ¿todas las comunidades educativas han tenido estos mismos resultados o casos de éxito? Lamentablemente no, lo que hoy estamos viendo y viviendo es un aumento en la brecha entre los distintos colegios, no solo de Santiago, sino que a lo largo de Chile. Si usamos como primer supuesto que necesitamos internet para el aprendizaje a distancia, sabemos que existen muchos lugares en el país que no tienen un buen acceso a internet o inclusive no tienen acceso alguno, sin considerar las diferencias que vemos con el acceso a tecnología, no todas las familias cuentan con diferentes dispositivos para que cada hijo o hija pueda estar en clases y para qué hablar del espacio físico, que obviamente juega un rol clave en la concentración y aprendizaje del estudiante.

Estamos viviendo un momento único en las vidas de todos y todas y la educación está viviendo un cambio sustancial y una transformación digital impensada hace años, por lo que debemos asegurarnos que todos los niños, niñas y adolescentes tengan las mismas oportunidades, tenemos la oportunidad de re-pensar y re-construir el modelo educativo de nuestro país, donde la igualdad de oportunidades sea la base, tecnológica o no.

Columna publicada el 3 de septiembre de 2020 en El Mercurio.

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